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En una ciudad
aislada, en un edificio sobrio y aislado, encontramos una prenda
tendida y aislada que navega entre la blancura de la cal y el azul
del cielo. La compañía de una antena receptora de ondas, también
aislada, convierte a este curioso tendal en una alegoría que
describe perfectamente la vida y vicisitudes de un pueblo. |