|
En esos bellos
parajes que dan vida a la norteña montaña palentina, escondidos
entre los muros de piedra de las construcciones típicas de la zona,
cubriéndose bajo sostechados de la lluvia fina habitual, conviven
ropajes como de otra época, colgados donde se puede; con un fiel
felino, habitante fijo del lugar, que descansa de sus andanzas por
el salvaje entorno. |