San Andrés de Teixidó

Una de las habituales supersticiones gallegas relata algo así como que "quién a San Andrés de Teixidó no va de vivo, va de muerto". Nunca se sabrá si en realidad las meigas desbordan su influencia en esta minúscula aldea gallega, o si algún avezado inventó el dicho para llenarla de agoreros visitantes en forma de turistas. El caso es que algo mágico envuelve esta pequeña villa en la que el ocultismo comienza en su retorcido acceso por carretera, para disiparse al otro lado, cuando se vuelca estrepitosamente en la confluencia entre el Atlántico y el Cantábrico. Una coqueta ermita diseñada en blanco y negro justifica un poco más la peregrinación en la que esperas una mezcla de intimismo y brujería, para acabar topándote con una convergencia exclusiva entre tierra, mar y aire, aderezada por la mano del hombre. Y de la mano del hombre depende la exquisita y ordenada disposición de ropa recién limpia que permanece al aire secándose del agua y empapándose de una amalgama compuesta por embrujo y naturaleza.

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Tendal S.Andres Teixido