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En lo más
profundo de Asia, en concreto en Karachi, la capital económica de
Pakistán, nos encontramos con una imagen singular. Uno de los
lugares más pintorescos de esta populosa ciudad son sus lavaderos,
donde cientos de hombres lavan y tienden ropa en una enorme extensión
de tierra llena de agujeros que sirven de improvisado lavadero con
agua no muy limpia. Estos hombres son profesionales de lavar ropa y
lo hacen golpeando y estrujando la ropa contra la piedra y mojándola
en el agua. Junto a las grandes pilas de lavado, se apiñan filas de
tendales instalados ordenadamente a lo largo de una gran extensión
sostienendo miles de prendas recién lavadas. Por unas monedas,
cualquier ciudadano puede acudir a esta lavandería especial, en
este caso nada automatizada y con un sistema de gestión arcaico
pero eficaz, para lavar y blanquear sus ropas. De que la iniciativa,
única en el mundo, es un éxito, da buena cuenta la imagen que
recoge perfectamente alineados los tendales de los que cuelgan las
ropas de cientos de clientes. |