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La
Cordillera de los Andes Verdes, cerros azules perdidos entre las
nubes, va desde el silencio del campo de quetzales muertos en
batalla, hasta las cumbres de la tierra más antigua de la tierra,
los Cuchumatanes. Entre el asalto de la tribu flechera, vegetariana,
y caminante, y las siembras y resiembras de flores y frutas, surgen
el cultivo de los cereales y las artesanías de hilo, maderas
pintadas, utensilios de barro, e instrumentos musicales.
Se trata de la primera
tierra que descubrió el navegante, desde el Mar del Sur. Es la nube
terrenal en la que nace el maíz, el primer grano de maíz que hubo en
la tierra. El puma rosado se refugia en sus colinas antes de bajar
el tiempo del cielo. Pinos y cipreses van a la par por los repechos,
se dan las ramas para apoyarse unos a otros a la hora de saltar por
los barrancos, formando grupos en las colinas, repartiéndose en las
mesetas, apretujándose en las barrancas, separándose en las
quebradas, trepando en fila india hacia las cimas, y deteniéndose a
contemplar, desde lo más alto de los Andes Verdes, bajo el cielo
añil profundo, los volcanes empachados de humo, la plata jabonosa de
los ríos y los lagos de níqueles brillantes.
Entre tanta belleza,
el hombre permanece haciendo vida y dejando que la ropa lavada se
mezcle con la exuberante naturaleza que lo empapa todo. |